Inflexiones.



Susurros erráticos y pedazos de mil recuerdos que parecían familiares.
En el soliloquio, no reconocí mi propia voz.
La carne desgajada maulló a la noche con mortecino entusiasmo y nacieron amapolas debajo de mi piel.
En las grietas, fruta podrida y polillas seducían a la luz.
Cicatrices y quemaduras.

Cubriendo esa realidad, el disfraz estaba cosido con sonrisas fugaces.
La compañía constaba de un retorcido alter-ego y las paramnesias nocturnas.
A veces, había 3 como ella.
- La triada de la demencia -

Ella, sentada frente a mi, me dijo: <<Soy la única que va a protegerte de ti misma.>>
Las cuencas de sus ojos capturaron lo olvidado.

Imágenes oníricas, tal vez.
Me sueño, en un sueño.
Enciendo un cigarrillo y me veo tendida en el césped bajo la luna de Noviembre.
El pastillero vacío y el parque repleto de personas, a las que no les importas.


Adiós Naz, -me dije, y cerré los ojos.



Naz Z.



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